"El Cuchillo" - Ezequiel Martínez Estrada "Radiografía de La Pampa" 1933
El cuchillo va escondido porque no forma parte del atavío y sí del cuerpo mismo; participa del hombre más que de su indumentaria y hasta de su carácter más bien que de su posición social. Su estudio corresponde mejor que a la heráldica y a la historia del vestido, a la cultura del pueblo que lo usa: es el objeto más precioso para fijar el área de una técnica.
Es un adorno íntimo, que va entre las carnes y la ropa interior; algo que pertenece al fuero privado, al secreto de la persona, y que sólo se exhibe en los momentos supremos, como el insulto; pues es también una manera de arrancar una parte recóndita y de arrojarla fuera. Exige el recato del falo, al que se parece por similitudes que cien cuentos obscenos pregonan; quien muestra el cuchillo sin necesidad es un indecoroso.
El sable presupone el duelo; el cuchillo es para el duelo a pie. Dijo Lugones:
Con el patriótico sable
ya rebajado a cuchillo.
Por su tamaño impide que nadie tercie en la lucha; está indicado que el lance tiene intimidad y que excluye al testigo y al intercesor. Si es arma, lo es tan temible como cualquier objeto que sólo se emplea como tal eventualmente; no tiene la forma entera de arma cuyo destino delimita el uso exclusivo; y tampoco porque sólo falla cuando falla el brazo, de donde la seguridad en sí mismo es la eficiencia de esta punta de acero en que concluye el ímpetu. Ninguna da, como el cuchillo, fe en sí después de la victoria; el vencedor siente que la victoria es más del mango que de la hoja. Todo el mango cabe en la mano cerrada que lo oprime hasta el mismo nacimiento del filo; tiene la forma justa para ser asido, y aun cuando ello es peculiar de las armas que se empuñan, ninguna otra es tan para la mano sola; mandíbula cerrada con fuerza es la mano abarca el cabo, y así acentúa la intención en el colmo de la fuerza concentrada. La mano lo percibe en la esgrima como a la misma voluntad en punta, pues no exige que se piense en él, ni en lo que se conoce de él a título de técnica.
El tajo certero puede gloriar toda la existencia de quien lo aplica; siempre recordó Necochea la vez que, atravesando una tropa enemiga, a caballo y en pelo, cercenó hasta la columna vertebral, que era la proeza en el arte del degüello, a un godo que se le enfrentó. Rosas lo consideró instrumento de proselitismo e hizo un rito de su uso; prohibió llevarlo en domingo; y Darwin cuenta cómo Rosas se hizo castigar cierta vez que, por descuido infringió sus propias órdenes. Rivadavia prohibió terminantemente que se lo usara, con lo que también por ese lado atacó un aspecto de la religión. Decretaba la supresión de una orden.
La vaina arrebata el cuchillo al mundo; el cuchillo envainado está sustraído al mundo de la muerte. Es un utensilio en reposo, aunque nunca permite el ocio completo; tiene del sueño enigmático del felino. Debajo de la almohada es el perro fiel, y en la cintura el ojo occipital de la sospecha, de esa mitad del hombre que está a su espalda. Es más que el dinero en el bolsillo y que la mujer en la casa: es el alimento en cualquier lugar, el reparo del sol y de la lluvia; la tranquilidad en el sueño; la fidelidad en el amor; la confianza en los malos caminos; la seguridad en sí mismo; lo que sigue estando con uno cuando todo puede ponerse en contra; lo que basta para probar la justicia de la fama y la legitimidad de lo que se posee.
Da autoridad porque en manos del obrero es competencia sin dejar de ser instrumento de justicia y libertad. Con él puede el individuo, según la frase de Alberdi, "llevar el gobierno consigo". No en vano el nombre del cuchillo significa también derecho de gobernar y de juzgar.
Por él se percibe a través del brazo u el corte anatómico, el estertor de la víctima; y por la sangre que moja la mano, la agonía caliente, el derrame de la vida y la afirmación de la existencia personal. Es el arma corta que dificulta la ayuda; el yo mineralizado y objetivo librado a su suerte, a su sino, sin azar; el arma individual, el arma del hombre solitario.
Sirve, naturalmente, para subrayar la razón, para hablar con sinceridad, y en las manos infantiles del niño y de la mujer, es dócil a la tarea doméstica. Corta el pan y monda la fruta, pero es peligroso llegar al secreto de su manejo y al dominio de su técnica completa. El conocimiento de su "arte cisoria" es fatal, como el de hacer un buen verso; se llega por ahí hasta donde no se quisiera. Sirve para matar, y particularmente para matar al hombre, del que exige determinada proximidad de cuerpo a cuerpo, eliminando cualquier ventaja, cualquier impunidad por alejamiento. Es la síntesis de todas las herramientas que el hombre manejó desde sus orígenes. Ameghino encontró cinco clases de cuchillos diminutos, de piedra, en nuestra pampa.
Es la única arma que sirve para ganarse el pan con humildad y la que en el rastro de sangre adherida denuncia el crimen. Es en ocasiones más rápida que el insulto y muy difícil de medir o graduar en la agresión, porque cuando el alma puede retractarse, la mano ya cumplió el primer impulso, inconsciente; por lo cual diríamos que resulta más veloz que el pensamiento y más próxima a la voluntad que el pensamiento mismo. Entra hasta el puño; el índice y el pulgar tocan el cuerpo. Ese contacto que bastaría para perdonar, indica lo consumado sin remedio.
Tiene, el cuchillo, el tamaño de la parte de la hoja que queda adherida al pomo, a disposición del duelista, cuando salta la espada rota: el trozo fiel del arma es eso que sigue firme, el pedazo seguro. Al quebrarse, pierde lo que pertenecía al azar, a la fábrica, al obrero que la hizo; lo que salta, roto, pertenece al metal y es el exceso. El cuchillo tiene un tamaño sin exceso, nada de azar ni de extraño, que es lo que se le ha suprimido justamente.
El sable, el florete, manejados con rapidez, ofrecen al puño la resistencia de su longitud; hay una fuerza inerte según la velocidad y la trayectoria de la punta, que exige a la muñeca que los someta al juego y los haga ceder a la intención, mientras que en el cuchillo la fuerza va de la mano al extremo, sin que la hoja presente oposición sensible al impulso. La espada tiene su escuela y su estilo; el cuchillo es intuición, autodidáctica. El maestro no puede enseñar nada al discípulo; todo se aprende con el ejercicio, visteando, si se posee el indispensable don innato y el coraje. Es tanto el arte de la mano como del ojo. El lance a cuchillo como exhibición carece de sentido (no es un espectáculo: es una intimidad), mientras que en el juego de la espada y del florete, la exhibición es el verdadero fin. El cuchillo no admite el simulacro; y rara vez el juego como simple demostración festiva. La única suerte de exhibición del cuchillo, la clavada, repugna a la índole de esta arma, en cuanto debe soltarse de la mano, arrojarse y dirigirse con puntería; todo lo cual es extraño a su finalidad y naturaleza. Inclusive la puntería, que exige el punto fijo, la frialdad en el pulso y hasta el raciocinio; siendo que la agresión es dirigida, en la pelea, a un punto cualquiera del cuerpo, según lo ofrezca vulnerable el adversario. Y aun en ello no hay nada del pulso, de la fría intención, sino del golpe de vista, de lo espontáneo, de lo intuitivo, de lo que brota con la instantaneidad inconsciente de ese movimiento opuesto e indescriptible, que en el animal perseguido se llama gambeta y que también existe en su puro valor de defensa en el hombre agredido.
Hasta la punta misma del cuchillo actual llegaba en la espada lo inherente al dueño, lo que formaba unidad leal con el brazo. Al acortarse hasta ahí dejó al hombre librado a su fuerza, a su arte y a su destino. Esa parte es, además, la seria, la inclemente; la finta estaba en lo que ha perdido de longitud. No queda ya apelación a lo imprevisto ni a la teoría.
Así pequeño puede llevarse entre las ropas y entonces adquiere el mérito de un amuleto junto a la carne. Como utensilio "interior" participa de lo mágico. Su fidelidad se siente paso a paso en la marcha pedestre y es la compañía de la pierna. Se lo puede llevar en la cintura, que es la altura del cuerpo en que los brazos descansan con naturalidad. Al costado va el ancho y corto de desollar. El que se lleva a la espalda, señalándose bajo la ropa, agazapado, es el peligroso; cuchillo del domingo, el prohibido. Del cabo puede colgarse el rebenque, porque el cabo es todavía la mano.
Es raro el suicidio con él; es un arma del hombre para afuera, de la empuñadura hacia la punta; no se vuelve contra el amo, como el perro, que es lo que se le parece más. Puesto que toma sentido supersticioso en lo que tiene de amuleto, es propicio por excelencia. La hoja desnuda es la advertencia del peligro; declara la anchura de la herida y su profundidad; es en el aire como la medida metálica del agujero en la carne; hay entre el acero y la carne una misteriosa correspondencia, que es cortar, y hasta entrando en la vaina previene que puede herir. La sangre deja limpio el acero, pero se acumula y oscurece en el lugar en que la hoja se une al cabo (donde lo que participa del mundo se une a lo que pertenece a la mano); o se la embebe el mango, si es de cuero o de pata de ciervo.
Hay el cuchillo de todos los días, cuchillo de trabajador, con mango de madera o encorado, de hoja desgastada y filo curvo de tanto usarse; y el de las fiestas, de corte rectilíneo, sin rastro casi de la afilación, de plata, con iniciales y labrado. Esa es el arma ornamental, con la S que es la estilización de la empuñadura, que ampara y no priva del contacto en el golpe. Hasta puede llevar dos versos inscriptos en la hoja, como el del Chacho. Ese es el facón, más largo, con dos estrías longitudinales, doble filo apenas embotado y un arabesco arborescente, en medio del cual la marca de fábrica: la armería más que el poseedor. El cuchillo es de un filo, fino, afinadísimo en el trabajo delicado de la chaira o contra otro, con la voluptuosidad de un afeite personal. Su filo se prueba sobre la yema del pulgar, y la sensación sutil indica su finura sin filván. Con la uña se aprecia el temple, y golpeando de plano es ofensivo. En el saludo se suele amagar que se extrae y hasta llevar la mano al mango, como se chista al perro demasiado guardián.
Bien manejado puede apenas rasgar la epidermis, y hay una clase de consumada destreza que consiste en tatuar al adversario como a un esclavo, en ponerle marca como a la hacienda, que quiere decir vasallaje sin manumisión posible.
El mérito del cuchillo está en la punta, lo mismo que en el florete; pero no termina allí. El florete es sólo un punto; el cuchillo está en el ápice, mas sigue a lo largo de la hoja. El golpe de filo, el hachazo, indica indulgencia o desprecio, y es así como hiere el peón al patrón y el gaucho al extranjero. Es también el golpe del caballero al hombre pobre que va a pie.
Ezequiel Martínez Estrada
Radiografía de La Pampa 1933
lunes, 20 de agosto de 2007
Frases de Mafalda
Frases de Mafalda
MAFALDA
*"¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?"
*"¿No sería mas progresista preguntar donde vamos a seguir, en vez de dónde vamos a parar?"
*"No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta."
*"Hoy entré al mundo por la puerta trasera."
FELIPE
*"¿Por qué justo a mi tenía que tocarme ser yo?"
*"¿Y si antes de empezar lo que hay que hacer, empezamos lo que tendríamos que haber hecho?"
*"Hasta mis debilidades son más fuertes que yo."
*"La voluntad debe ser la única cosa en el mundo que cuando está desinflada necesita que la pinchen."
GUILLE
*"(...)Que cuednos hago con el agujedito que siento adentro mio cuando no táz?"
*"¡Pod favod!"
MIGUELITO
*"No se como haría la gente para irse si no tuviera espalda."
*"Yo diría que nos pusiéramos todos contentos sin preguntar porqué."
*"Trabajar para ganarse la vida esta bien pero por que esa vida que uno se gana trabajando tiene que desperdiciarla trabajando para ganarse la vida."
*"La vida no debiera echarlo a uno de la niñez, sin antes conseguirle un buen puesto en la juventud."
MANOLITO
*"Nadie puede amasar una fortuna sin hacer harina a los demás."
*"Los cheques de tus insultos no tienen fondos en el banco de mi ánimo."
SUSANITA
*"Amo a la Humanidad, lo que me revienta es la gente."
*"Mi esposo será alto, morocho y sin madre, y nunca nada se interpondrá entre nosotros."
LIBERTAD
*"Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista."
*"Comienza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo."
MAFALDA
*"¿Y si en vez de planear tanto voláramos un poco más alto?"
*"¿No sería mas progresista preguntar donde vamos a seguir, en vez de dónde vamos a parar?"
*"No es cierto que todo tiempo pasado fue mejor. Lo que pasaba era que los que estaban peor todavía no se habían dado cuenta."
*"Hoy entré al mundo por la puerta trasera."
FELIPE
*"¿Por qué justo a mi tenía que tocarme ser yo?"
*"¿Y si antes de empezar lo que hay que hacer, empezamos lo que tendríamos que haber hecho?"
*"Hasta mis debilidades son más fuertes que yo."
*"La voluntad debe ser la única cosa en el mundo que cuando está desinflada necesita que la pinchen."
GUILLE
*"(...)Que cuednos hago con el agujedito que siento adentro mio cuando no táz?"
*"¡Pod favod!"
MIGUELITO
*"No se como haría la gente para irse si no tuviera espalda."
*"Yo diría que nos pusiéramos todos contentos sin preguntar porqué."
*"Trabajar para ganarse la vida esta bien pero por que esa vida que uno se gana trabajando tiene que desperdiciarla trabajando para ganarse la vida."
*"La vida no debiera echarlo a uno de la niñez, sin antes conseguirle un buen puesto en la juventud."
MANOLITO
*"Nadie puede amasar una fortuna sin hacer harina a los demás."
*"Los cheques de tus insultos no tienen fondos en el banco de mi ánimo."
SUSANITA
*"Amo a la Humanidad, lo que me revienta es la gente."
*"Mi esposo será alto, morocho y sin madre, y nunca nada se interpondrá entre nosotros."
LIBERTAD
*"Una pulga no puede picar a una locomotora, pero puede llenar de ronchas al maquinista."
*"Comienza tu día con una sonrisa, verás lo divertido que es ir por ahí desentonando con todo el mundo."
jueves, 16 de agosto de 2007
Necesitamos ídolos para levantar nuestro ego
Jorge García Badaracco: "Necesitamos ídolos para levantar nuestro ego"
Doctor García Badaracco, cuando uno reflexiona acerca de la situación de este país tan "psicoanalizado" descubre que, a diferencia de otras generaciones de dirigentes, la actual (empresarios, políticos, médicos, deportistas) no ha sido ajena a la terapia. ¿Qué tipo de terapia habrán hecho estos dirigentes que no entendieron su responsabilidad social? Y también, ¿qué responsabilidad les cabe a los psicoanalistas?
-La pregunta es muy interesante, pero a un experto como yo, en psicoanálisis o psicoterapia, es pedirle demasiado. Creo que hay muchas personas que utilizan el psicoanálisis para poder vivir mejor ellos mismos y su familia, y poder transmitir bienestar. Otra gente utiliza la terapia para otras cosas.
-¿Por ejemplo?
-En una época, "vivir mejor", entre comillas, era que a uno le importaran muy poco los demás. Se decía, por ejemplo, que estar bien analizado era disfrutar de la vida. Para ciertos psicoanalistas, en cierta época, lo más importante era la satisfacción sexual, porque Freud había hablado mucho de eso, sin darse cuenta de que uno puede hacer zafarranchos muy grandes buscando solamente la satisfacción sexual personal. La manera de entender lo que puede tener de bueno psicoanalizarse es tan diversa que resulta difícil saber para qué la utilizaron los políticos. Por ejemplo, para justificar cosas injustificables, podría ser una respuesta.
-¿En algún momento, en alguna reunión con sus colegas, se preguntaron si será que ustedes no les habrán "sacado" la culpa?
-Fíjese en lo siguiente: Freud descubrió que el sentimiento de culpa no solamente puede ser consciente sino también inconsciente. El sentimiento de culpa puede ser un factor de enfermedad, enfermante; es decir, producir angustia, bloquear posibilidades de hacer cosas. Eliminar ese sentimiento de culpa era un objetivo del psicoanálisis. Hay ciertas personalidades que eliminan sus sentimientos de culpa y son capaces de hacer daño sin darse cuenta. Es el típico psicópata que aparentemente no tiene culpa de nada. Todo se justifica. Utiliza, en ese sentido, todo lo que serían interpretaciones para justificar cualquier cosa.
-Y nuestra necesidad de tener ídolos, tan continua; la de mirar todo el tiempo a Maradona, ¿tiene que ver con problemas de autoestima?
-Habría que pensarlo más, pero yo creo que no hay país en el mundo que sea representado por alguien como lo es Maradona respecto del nuestro. Es evidente que en el mundo, durante años, si alguien hablaba de la Argentina, se le respondía: "¡Ah, Maradona!". Como si Maradona representara a la Argentina. No conozco casos similares, salvo el de Napoleón, en Francia.
-Pero los franceses no necesitan de Napoleón para sentirse fuertes.
-Ya no. En su momento... quizás.
-Volviendo a la pregunta anterior, ¿necesitamos emular figuras porque nos sentimos inferiores?
-Padecemos de anomia, que es la falta de valores culturales. Porque la Argentina no era un país respecto del cual se pudiera hablar de anomia. Ha ido ocurriendo una mediocrización. Por ejemplo, la pobreza se fue generalizando. La falta de formación de la personalidad se vincula con la escuela. El deterioro de la educación en general es algo que todo el mundo ve cada vez con más pena, con preocupación y con alarma. ¿Adónde vamos y cómo vamos? Se puede concluir diciendo que los argentinos necesitamos esas figuras para levantar nuestro ego, bastante deteriorado.
-¿Se puede hablar de la sobrevaloración como signo de debilidad?
-Desde ya. Ese es un mecanismo psicológico individual. La persona que se siente insegura trata de agarrarse de algo para poder figurar, para poder aparecer como alguien mejor, con mejor imagen. Creo que en ese sentido somos un país muy joven. Nuestra historia es mucho más corta, y la identidad argentina no es tan fuerte como la de un francés, un italiano. Italia tiene el Dante, los ingleses tienen a Shakespeare, y los alemanes tienen a Goethe. Nosotros tenemos un poquito, pero es mucho menos. Además, tampoco sabemos valorar bien lo que tenemos. Entonces, se da un conjunto de factores como para que los argentinos no tengamos un respaldo, ni como historia ni como identidad.
-Usted habla de la historia como respaldo, como patrimonio.
-El tango es una identidad. Que tiene que ver con cosas muy actuales, pero no tanto como toda una historia. O bien, a lo mejor, el tango representa a un ser al que le pasan las cosas más terribles: la mujer lo abandona, está solo en el mundo... Sí, es una identidad, pero francamente, como carta de presentación, es la de un pobre diablo. Fíjese en el caso de los adictos. Ellos tienen la posibilidad o la capacidad de hacer de eso una identidad propia. Los muchachos y las chicas jóvenes a veces utilizan el ser adictos como una identidad, que los hace sostenerse unos a otros; tiene códigos propios, un lenguaje...
-Es interesante: la adicción como identidad...
-La adicción provoca complicidades. Saber que hay otros como yo me ayuda a sostenerme como adicto.
-Ahora bien, ¿hay sociedades más adictas que otras? ¿La sociedad argentina es adicta a los resultados más que a la tarea?
-Yo diría, por ejemplo, que un gol es un resultado, pero se transforma en importante en la medida en que el que hace más goles es el que va a ser seleccionado para formar parte de un equipo, y va a poder ser utilizado para ganar plata con ese espectáculo. Es decir, se valora el resultado de un gol. El resultado de un científico que trabaja anónimamente, o cuyo trabajo es poco conocido, no se valora porque ese resultado no puede ser utilizado de la misma manera que el gol. Yo creo que el resultado, en última instancia, tiene mucho que ver, en una sociedad capitalista, con la posibilidad de usarlo económicamente.
-¿Usted piensa que somos una sociedad espasmódica, en cuanto a que pasamos de sentirnos maravillosamente bien a sentirnos mal?
-Sentirnos bárbaro o sentirnos mal en psiquiatría o en psicología es lo que se llama una condición bipolar. Es lo que antes se llamaba maníaco-depresivo: el pasar rápidamente de períodos en que todo está bien a otros en los cuales todo anda pésimo.
-¿Somos un poco bipolares?
-Sí, uno podría decirlo; pero creo que esta bipolaridad se explica en alguna medida por lo que ya comentamos: por la necesidad que tenemos de hacer goles para levantarnos el ánimo. Cuando la Argentina gana en los campeonatos mundiales de fútbol, nos ponemos todos contentos. En cambio, cuando no gana, nos venimos abajo. Si todos los argentinos estamos demasiado pendientes del resultado, de los goles, necesariamente vamos a ser bipolares. Ahora bien, esa enfermedad está fabricada. No existe la enfermedad bipolar. Existen las personas bipolares, que lo son porque tienen poca seguridad en su propia autoestima.
-¿Se cura?
-Es un síntoma que se cura desarrollando recursos propios, psicológicos, para tener más seguridad en uno mismo. Por eso digo que a eso que desaparece cuando uno tiene más seguridad en uno mismo no lo podemos llamar enfermedad.
-Pensando en el futuro, en la descendencia, ¿usted cree que los padres tenemos los hijos que nos merecemos?
-No me gusta esa manera de decirlo. Porque eso es culpabilizar, y a mí me parece que culpabilizando no vamos a ninguna parte. Al contrario, estamos echando leña al fuego.
-¿Como lo diría usted? Insisto: ¿los hijos son o no son el resultado de los padres?
-Sí, pero de una manera muy indirecta. Porque también está la frase: "Los hijos son los hijos de la vida", que utilizan a veces los padres para desresponsabilizarse. Hay padres que a veces se van percatando de en qué medida pudieron ser causa de algo malo para los hijos, y entonces dicen: "Bueno, pero a mí no me enseñaron". Y es cierto. Yo creo que tendría que haber escuelas para padres a fin de poder desarmar los aspectos enfermantes que han podido filtrarse, sin querer y sin darse cuenta, en la relación con los hijos. Los hijos son resultado de los padres, de los maestros, de las escuelas, de lo que ven en la televisión, de la sociedad en que vivimos...
-Le amplío la pregunta y la remito a los políticos. ¿Nosotros tenemos los políticos que nos merecemos? ¿Son el reflejo de los argentinos como sociedad?
-En la medida en que los elegimos democráticamente, sí. Desde ya. Yo creo que los argentinos tenemos que dejar esa tendencia de echarles las culpas a otros. Pero lo que creo que es que no sabemos todavía cómo hacer para intervenir de modo que las cosas cambien, y entonces criticamos. Pero las críticas no actúan para cambiar las cosas.
-¿Habla de la crítica como adicción?
-No sé; en algunos podrá ser una adicción; si bien hay que criticar lo criticable, después de muchos años de muchas críticas, si nada cambia, uno tendrá que aprender que a lo mejor esa crítica generalizada no sirve para cambiar las cosas.
-Finalmente: ¿cuál sería su diagnóstico?
-Evidentemente, las nuevas generaciones no han tenido maestros en nosotros. Y por eso los jóvenes, en cierto modo, nos desprecian. No hay maestros para los jóvenes. Creo que en eso teníamos una responsabilidad, y hemos fracasado.
Por Any Ventura
La NAcion 10/10/05
Doctor García Badaracco, cuando uno reflexiona acerca de la situación de este país tan "psicoanalizado" descubre que, a diferencia de otras generaciones de dirigentes, la actual (empresarios, políticos, médicos, deportistas) no ha sido ajena a la terapia. ¿Qué tipo de terapia habrán hecho estos dirigentes que no entendieron su responsabilidad social? Y también, ¿qué responsabilidad les cabe a los psicoanalistas?
-La pregunta es muy interesante, pero a un experto como yo, en psicoanálisis o psicoterapia, es pedirle demasiado. Creo que hay muchas personas que utilizan el psicoanálisis para poder vivir mejor ellos mismos y su familia, y poder transmitir bienestar. Otra gente utiliza la terapia para otras cosas.
-¿Por ejemplo?
-En una época, "vivir mejor", entre comillas, era que a uno le importaran muy poco los demás. Se decía, por ejemplo, que estar bien analizado era disfrutar de la vida. Para ciertos psicoanalistas, en cierta época, lo más importante era la satisfacción sexual, porque Freud había hablado mucho de eso, sin darse cuenta de que uno puede hacer zafarranchos muy grandes buscando solamente la satisfacción sexual personal. La manera de entender lo que puede tener de bueno psicoanalizarse es tan diversa que resulta difícil saber para qué la utilizaron los políticos. Por ejemplo, para justificar cosas injustificables, podría ser una respuesta.
-¿En algún momento, en alguna reunión con sus colegas, se preguntaron si será que ustedes no les habrán "sacado" la culpa?
-Fíjese en lo siguiente: Freud descubrió que el sentimiento de culpa no solamente puede ser consciente sino también inconsciente. El sentimiento de culpa puede ser un factor de enfermedad, enfermante; es decir, producir angustia, bloquear posibilidades de hacer cosas. Eliminar ese sentimiento de culpa era un objetivo del psicoanálisis. Hay ciertas personalidades que eliminan sus sentimientos de culpa y son capaces de hacer daño sin darse cuenta. Es el típico psicópata que aparentemente no tiene culpa de nada. Todo se justifica. Utiliza, en ese sentido, todo lo que serían interpretaciones para justificar cualquier cosa.
-Y nuestra necesidad de tener ídolos, tan continua; la de mirar todo el tiempo a Maradona, ¿tiene que ver con problemas de autoestima?
-Habría que pensarlo más, pero yo creo que no hay país en el mundo que sea representado por alguien como lo es Maradona respecto del nuestro. Es evidente que en el mundo, durante años, si alguien hablaba de la Argentina, se le respondía: "¡Ah, Maradona!". Como si Maradona representara a la Argentina. No conozco casos similares, salvo el de Napoleón, en Francia.
-Pero los franceses no necesitan de Napoleón para sentirse fuertes.
-Ya no. En su momento... quizás.
-Volviendo a la pregunta anterior, ¿necesitamos emular figuras porque nos sentimos inferiores?
-Padecemos de anomia, que es la falta de valores culturales. Porque la Argentina no era un país respecto del cual se pudiera hablar de anomia. Ha ido ocurriendo una mediocrización. Por ejemplo, la pobreza se fue generalizando. La falta de formación de la personalidad se vincula con la escuela. El deterioro de la educación en general es algo que todo el mundo ve cada vez con más pena, con preocupación y con alarma. ¿Adónde vamos y cómo vamos? Se puede concluir diciendo que los argentinos necesitamos esas figuras para levantar nuestro ego, bastante deteriorado.
-¿Se puede hablar de la sobrevaloración como signo de debilidad?
-Desde ya. Ese es un mecanismo psicológico individual. La persona que se siente insegura trata de agarrarse de algo para poder figurar, para poder aparecer como alguien mejor, con mejor imagen. Creo que en ese sentido somos un país muy joven. Nuestra historia es mucho más corta, y la identidad argentina no es tan fuerte como la de un francés, un italiano. Italia tiene el Dante, los ingleses tienen a Shakespeare, y los alemanes tienen a Goethe. Nosotros tenemos un poquito, pero es mucho menos. Además, tampoco sabemos valorar bien lo que tenemos. Entonces, se da un conjunto de factores como para que los argentinos no tengamos un respaldo, ni como historia ni como identidad.
-Usted habla de la historia como respaldo, como patrimonio.
-El tango es una identidad. Que tiene que ver con cosas muy actuales, pero no tanto como toda una historia. O bien, a lo mejor, el tango representa a un ser al que le pasan las cosas más terribles: la mujer lo abandona, está solo en el mundo... Sí, es una identidad, pero francamente, como carta de presentación, es la de un pobre diablo. Fíjese en el caso de los adictos. Ellos tienen la posibilidad o la capacidad de hacer de eso una identidad propia. Los muchachos y las chicas jóvenes a veces utilizan el ser adictos como una identidad, que los hace sostenerse unos a otros; tiene códigos propios, un lenguaje...
-Es interesante: la adicción como identidad...
-La adicción provoca complicidades. Saber que hay otros como yo me ayuda a sostenerme como adicto.
-Ahora bien, ¿hay sociedades más adictas que otras? ¿La sociedad argentina es adicta a los resultados más que a la tarea?
-Yo diría, por ejemplo, que un gol es un resultado, pero se transforma en importante en la medida en que el que hace más goles es el que va a ser seleccionado para formar parte de un equipo, y va a poder ser utilizado para ganar plata con ese espectáculo. Es decir, se valora el resultado de un gol. El resultado de un científico que trabaja anónimamente, o cuyo trabajo es poco conocido, no se valora porque ese resultado no puede ser utilizado de la misma manera que el gol. Yo creo que el resultado, en última instancia, tiene mucho que ver, en una sociedad capitalista, con la posibilidad de usarlo económicamente.
-¿Usted piensa que somos una sociedad espasmódica, en cuanto a que pasamos de sentirnos maravillosamente bien a sentirnos mal?
-Sentirnos bárbaro o sentirnos mal en psiquiatría o en psicología es lo que se llama una condición bipolar. Es lo que antes se llamaba maníaco-depresivo: el pasar rápidamente de períodos en que todo está bien a otros en los cuales todo anda pésimo.
-¿Somos un poco bipolares?
-Sí, uno podría decirlo; pero creo que esta bipolaridad se explica en alguna medida por lo que ya comentamos: por la necesidad que tenemos de hacer goles para levantarnos el ánimo. Cuando la Argentina gana en los campeonatos mundiales de fútbol, nos ponemos todos contentos. En cambio, cuando no gana, nos venimos abajo. Si todos los argentinos estamos demasiado pendientes del resultado, de los goles, necesariamente vamos a ser bipolares. Ahora bien, esa enfermedad está fabricada. No existe la enfermedad bipolar. Existen las personas bipolares, que lo son porque tienen poca seguridad en su propia autoestima.
-¿Se cura?
-Es un síntoma que se cura desarrollando recursos propios, psicológicos, para tener más seguridad en uno mismo. Por eso digo que a eso que desaparece cuando uno tiene más seguridad en uno mismo no lo podemos llamar enfermedad.
-Pensando en el futuro, en la descendencia, ¿usted cree que los padres tenemos los hijos que nos merecemos?
-No me gusta esa manera de decirlo. Porque eso es culpabilizar, y a mí me parece que culpabilizando no vamos a ninguna parte. Al contrario, estamos echando leña al fuego.
-¿Como lo diría usted? Insisto: ¿los hijos son o no son el resultado de los padres?
-Sí, pero de una manera muy indirecta. Porque también está la frase: "Los hijos son los hijos de la vida", que utilizan a veces los padres para desresponsabilizarse. Hay padres que a veces se van percatando de en qué medida pudieron ser causa de algo malo para los hijos, y entonces dicen: "Bueno, pero a mí no me enseñaron". Y es cierto. Yo creo que tendría que haber escuelas para padres a fin de poder desarmar los aspectos enfermantes que han podido filtrarse, sin querer y sin darse cuenta, en la relación con los hijos. Los hijos son resultado de los padres, de los maestros, de las escuelas, de lo que ven en la televisión, de la sociedad en que vivimos...
-Le amplío la pregunta y la remito a los políticos. ¿Nosotros tenemos los políticos que nos merecemos? ¿Son el reflejo de los argentinos como sociedad?
-En la medida en que los elegimos democráticamente, sí. Desde ya. Yo creo que los argentinos tenemos que dejar esa tendencia de echarles las culpas a otros. Pero lo que creo que es que no sabemos todavía cómo hacer para intervenir de modo que las cosas cambien, y entonces criticamos. Pero las críticas no actúan para cambiar las cosas.
-¿Habla de la crítica como adicción?
-No sé; en algunos podrá ser una adicción; si bien hay que criticar lo criticable, después de muchos años de muchas críticas, si nada cambia, uno tendrá que aprender que a lo mejor esa crítica generalizada no sirve para cambiar las cosas.
-Finalmente: ¿cuál sería su diagnóstico?
-Evidentemente, las nuevas generaciones no han tenido maestros en nosotros. Y por eso los jóvenes, en cierto modo, nos desprecian. No hay maestros para los jóvenes. Creo que en eso teníamos una responsabilidad, y hemos fracasado.
Por Any Ventura
La NAcion 10/10/05
martes, 14 de agosto de 2007
La edad de los paises
La verdadera edad de los países
Desde chicos nos explicaron que para saber si un perro es joven o viejo había que multiplicar su edad biológica por 7. Con los países, entonces, hay que dividir su edad por 14 para saber su correspondencia humana. ¿Confuso? En este artículo pongo algunos ejemplos reveladores.
Argentina nació en 1816. Tiene ciento ochenta y nueve años. Si lo dividimos por 14, Argentina tiene trece años y cuatro meses. O sea, está en la edad del pavo. Argentina es rebelde, es pajera, no tiene memoria, contesta sin pensar y está llena de acné. Por eso le dicen el granero del mundo.
Casi todos los países de América Latina tienen la misma edad y, como pasa siempre en esos casos, hay pandillas. La pandilla del Mercosur son cuatro adolescentes que tienen un conjunto de rock. Ensayan en un garage: hacen mucho ruido y jamás sacaron un disco.
Venezuela, que ya tiene tetitas, está a punto de unirse para hacer los coros. En realidad quiere fifar con Brasil, que tiene catorce y la poronga grande. Son chicos; un día van a crecer.
México también es adolescente, pero con ascendente indio. Por eso se ríe poco y no fuma inofensivo porro como el resto de sus amiguitos. Fuma peyote y se junta con Estados Unidos, que es un retrasado mental de 17 que se dedica a matar a chicos hambrientos de seis añitos en otros continentes.
En el otro extremo, por ejemplo, está la China milenaria: si dividimos sus 1.200 años entre 14, nos da una señora de ochenta y cinco, conservadora, con olor a pis de gato, que se la pasa comiendo arroz porque no tiene para comprarse la dentadura postiza. Tiene un nieto de ocho, Taiwán, que le hace la vida imposible. Está divorciada hace rato de Japón, que es un viejo cascarrabias al que todavía se le para la chota y se juntó con Filipinas, que es jovencita, es boluda y siempre está dispuesta a cualquier aberración a cambio de dinero.
Después están los países que acaban de cumplir la mayoría de edad y salen a pasear en el BMW del padre. Por ejemplo Australia y Canadá. Estos son típicos países que crecieron al amparo papá Inglaterra y de mamá Francia, con una educación estricta y concheta, y ahora se hacen los locos.
Australia es una pendeja de 18 años y dos meses que hace topless y fifa con Sudáfrica; Canadá es un chico gay emancipado que en cualquier momento adopta al bebé Groenlandia y forman una de estas familias alternativas que están de moda.
Francia es una separada de 36 años, más puta que las gallinas, pero muy respetada en el ámbito profesional. Es amante esporádica de Alemania, un camionero rico que está casado con Austria. Austria sabe que es cornuda, pero no le importa.
Francia tiene un hijo, Mónaco, que tiene seis años y va camino de ser puto o bailarín, o las dos cosas.
Italia es viuda desde hace mucho tiempo. Vive cuidando a San Marino y a Vaticano, dos hijos católicos idénticos a los mellizos de los Flanders.
Italia estuvo casada en segundas nupcias con Alemania (duraron poco: tuvieron a Suiza) pero ahora no quiere saber nada con los hombres. A Italia le gustaría ser una mujer como Bélgica, abogada, independiente, que usa pantalón y habla de tú a tú de política con los hombres. (Por su parte, Bélgica fantasea a veces con saber preparar spaghettis.)
España es la mujer más linda de Europa (posiblemente Francia le haga sombra, pero pierde en espontaneidad por usar tanto perfume).
España anda mucho en tetas y va casi siempre borracha. Generalmente se deja fifar por Inglaterra y después hace la denuncia.
España tiene hijos por todas partes (casi todos de trece años) que viven lejos. Los quiere mucho, pero le molesta que los hijos, cuando tienen hambre, pasen alguna temporada en su casa y le abran la heladera.
Otro que tiene hijos desperdigados es Inglaterra. Gran Bretaña sale en barco a la noche, se culea pendejas y a los nueve meses aparece una isla nueva en alguna parte del mundo. Pero no se desentiende: en general las islas viven con la madre, pero Inglaterra les da de comer.
Escocia e Irlanda, los hermanos de Inglaterra que viven en el piso de arriba, se pasan la vida borrachos, y ni siquiera saben jugar al fútbol. Son la vergüenza de la familia.
Suecia y Noruega son dos lesbianas de 39, casi 40, que están buenas de cuerpo a pesar de la edad y no le dan bola a nadie. Fifan y laburan: son licenciadas en algo. A veces hacen trío con Holanda (cuando necesitan porro), y a veces le histeriquean a Finlandia, que es un tipo de 30 años, medio andrógino, que vive solo en un ático sin amueblar y se la pasa hablando por el móvil con Corea.
Corea (la del sur) vive pendiente de su hermana esquizoide. Son mellizas, pero la del norte tomó líquido amniótico cuando salió del útero y quedó estúpida. Se pasó la infancia usando pistolas y ahora, que vive sola, es capaz de cualquier cosa.
Estados Unidos, el retrasadito de 17, la vigila mucho, no por miedo, sino porque quiere sus pistolas.
Israel es un intelectual de sesenta y dos años que tuvo una vida de mierda. Hace unos años, el camionero Alemania (que iba por la ruta mientras Austria le chupaba la p...) no vio que pasaba Israel y se lo llevó por delante. Desde ese día, Israel se puso como loco. Ahora, en vez de leer libros, se la pasa en la terraza tirándole cascotes a Palestina, que es una chica que está lavando la ropa en la casa de al lado.
Irán e Irak eran dos primos de 16 que robaban motos y vendían los repuestos, hasta que un día le robaron un respuesto a la motoneta de Estados Unidos, y se les acabó el negocio. Ahora se están comiendo los mocos.
El mundo estaba bien así, es decir, como estaba...Hasta que un día Rusia se juntó (sin casarse) con la Perestroika y tuvieron docena y media de hijos. Todos raros, algunos mogólicos, otros esquizofrénicos.
Hace una semana, y gracias a un despelote con tiros y muertos, los habitantes serios del mundo descubrimos que hay un país que se llama Kabardino-Balkaria. Un país con bandera, presidente, himno, flora, fauna, ¡y hasta gente!
A mí me da un poco de miedo que nos aparezcan países de corta edad, así, de repente. Que nos enteremos de costado, y que incluso tengamos que poner cara de que ya sabíamos, para no quedar como ignorantes.
¿Por qué siguen naciendo países nuevos -me pregunto yo- si los que hay todavía no funcionan?
Desde chicos nos explicaron que para saber si un perro es joven o viejo había que multiplicar su edad biológica por 7. Con los países, entonces, hay que dividir su edad por 14 para saber su correspondencia humana. ¿Confuso? En este artículo pongo algunos ejemplos reveladores.
Argentina nació en 1816. Tiene ciento ochenta y nueve años. Si lo dividimos por 14, Argentina tiene trece años y cuatro meses. O sea, está en la edad del pavo. Argentina es rebelde, es pajera, no tiene memoria, contesta sin pensar y está llena de acné. Por eso le dicen el granero del mundo.
Casi todos los países de América Latina tienen la misma edad y, como pasa siempre en esos casos, hay pandillas. La pandilla del Mercosur son cuatro adolescentes que tienen un conjunto de rock. Ensayan en un garage: hacen mucho ruido y jamás sacaron un disco.
Venezuela, que ya tiene tetitas, está a punto de unirse para hacer los coros. En realidad quiere fifar con Brasil, que tiene catorce y la poronga grande. Son chicos; un día van a crecer.
México también es adolescente, pero con ascendente indio. Por eso se ríe poco y no fuma inofensivo porro como el resto de sus amiguitos. Fuma peyote y se junta con Estados Unidos, que es un retrasado mental de 17 que se dedica a matar a chicos hambrientos de seis añitos en otros continentes.
En el otro extremo, por ejemplo, está la China milenaria: si dividimos sus 1.200 años entre 14, nos da una señora de ochenta y cinco, conservadora, con olor a pis de gato, que se la pasa comiendo arroz porque no tiene para comprarse la dentadura postiza. Tiene un nieto de ocho, Taiwán, que le hace la vida imposible. Está divorciada hace rato de Japón, que es un viejo cascarrabias al que todavía se le para la chota y se juntó con Filipinas, que es jovencita, es boluda y siempre está dispuesta a cualquier aberración a cambio de dinero.
Después están los países que acaban de cumplir la mayoría de edad y salen a pasear en el BMW del padre. Por ejemplo Australia y Canadá. Estos son típicos países que crecieron al amparo papá Inglaterra y de mamá Francia, con una educación estricta y concheta, y ahora se hacen los locos.
Australia es una pendeja de 18 años y dos meses que hace topless y fifa con Sudáfrica; Canadá es un chico gay emancipado que en cualquier momento adopta al bebé Groenlandia y forman una de estas familias alternativas que están de moda.
Francia es una separada de 36 años, más puta que las gallinas, pero muy respetada en el ámbito profesional. Es amante esporádica de Alemania, un camionero rico que está casado con Austria. Austria sabe que es cornuda, pero no le importa.
Francia tiene un hijo, Mónaco, que tiene seis años y va camino de ser puto o bailarín, o las dos cosas.
Italia es viuda desde hace mucho tiempo. Vive cuidando a San Marino y a Vaticano, dos hijos católicos idénticos a los mellizos de los Flanders.
Italia estuvo casada en segundas nupcias con Alemania (duraron poco: tuvieron a Suiza) pero ahora no quiere saber nada con los hombres. A Italia le gustaría ser una mujer como Bélgica, abogada, independiente, que usa pantalón y habla de tú a tú de política con los hombres. (Por su parte, Bélgica fantasea a veces con saber preparar spaghettis.)
España es la mujer más linda de Europa (posiblemente Francia le haga sombra, pero pierde en espontaneidad por usar tanto perfume).
España anda mucho en tetas y va casi siempre borracha. Generalmente se deja fifar por Inglaterra y después hace la denuncia.
España tiene hijos por todas partes (casi todos de trece años) que viven lejos. Los quiere mucho, pero le molesta que los hijos, cuando tienen hambre, pasen alguna temporada en su casa y le abran la heladera.
Otro que tiene hijos desperdigados es Inglaterra. Gran Bretaña sale en barco a la noche, se culea pendejas y a los nueve meses aparece una isla nueva en alguna parte del mundo. Pero no se desentiende: en general las islas viven con la madre, pero Inglaterra les da de comer.
Escocia e Irlanda, los hermanos de Inglaterra que viven en el piso de arriba, se pasan la vida borrachos, y ni siquiera saben jugar al fútbol. Son la vergüenza de la familia.
Suecia y Noruega son dos lesbianas de 39, casi 40, que están buenas de cuerpo a pesar de la edad y no le dan bola a nadie. Fifan y laburan: son licenciadas en algo. A veces hacen trío con Holanda (cuando necesitan porro), y a veces le histeriquean a Finlandia, que es un tipo de 30 años, medio andrógino, que vive solo en un ático sin amueblar y se la pasa hablando por el móvil con Corea.
Corea (la del sur) vive pendiente de su hermana esquizoide. Son mellizas, pero la del norte tomó líquido amniótico cuando salió del útero y quedó estúpida. Se pasó la infancia usando pistolas y ahora, que vive sola, es capaz de cualquier cosa.
Estados Unidos, el retrasadito de 17, la vigila mucho, no por miedo, sino porque quiere sus pistolas.
Israel es un intelectual de sesenta y dos años que tuvo una vida de mierda. Hace unos años, el camionero Alemania (que iba por la ruta mientras Austria le chupaba la p...) no vio que pasaba Israel y se lo llevó por delante. Desde ese día, Israel se puso como loco. Ahora, en vez de leer libros, se la pasa en la terraza tirándole cascotes a Palestina, que es una chica que está lavando la ropa en la casa de al lado.
Irán e Irak eran dos primos de 16 que robaban motos y vendían los repuestos, hasta que un día le robaron un respuesto a la motoneta de Estados Unidos, y se les acabó el negocio. Ahora se están comiendo los mocos.
El mundo estaba bien así, es decir, como estaba...Hasta que un día Rusia se juntó (sin casarse) con la Perestroika y tuvieron docena y media de hijos. Todos raros, algunos mogólicos, otros esquizofrénicos.
Hace una semana, y gracias a un despelote con tiros y muertos, los habitantes serios del mundo descubrimos que hay un país que se llama Kabardino-Balkaria. Un país con bandera, presidente, himno, flora, fauna, ¡y hasta gente!
A mí me da un poco de miedo que nos aparezcan países de corta edad, así, de repente. Que nos enteremos de costado, y que incluso tengamos que poner cara de que ya sabíamos, para no quedar como ignorantes.
¿Por qué siguen naciendo países nuevos -me pregunto yo- si los que hay todavía no funcionan?
lunes, 13 de agosto de 2007
Nos pasa a los argentinos ?
Hay un viejo cuento con cuatro personaje: TODOS, ALGUIEN, CULQUIERA, y NADIE.
Ocurre que había que hacer un trabajo importante, y Todos sabía que Alguien lo haría. Cualquiera podría haberlo hecho, pero Nadie lo hizo.
El resultado fue que Todos creía que lo haría Cualquiera, y Nadie se dió cuenta de que Alguien no lo haría.
¿Cómo termina la historia? Alguien reprochó a Todos porque en realidad Nadie hizo lo que hubiera podido hacer Cualquiera.
Ocurre que había que hacer un trabajo importante, y Todos sabía que Alguien lo haría. Cualquiera podría haberlo hecho, pero Nadie lo hizo.
El resultado fue que Todos creía que lo haría Cualquiera, y Nadie se dió cuenta de que Alguien no lo haría.
¿Cómo termina la historia? Alguien reprochó a Todos porque en realidad Nadie hizo lo que hubiera podido hacer Cualquiera.
Como votamos los argentinos
Mientras la batería proselitista ya trabaja para octubre, nadie tiene muy claro todavía cómo define su voto el ciudadano. Los especialistas hablan de un votante que se define por múltiples factores
Cuentan los arqueólogos de la política que hace muchos años los votantes se ilustraban con fruición acerca de las propuestas de los distintos partidos políticos, auténticos protagonistas de la competencia electoral. Se leían las plataformas, se escuchaba lo que tenían para decir los candidatos y se contrastaba la oferta. Luego se decidía qué lista votar. Por fin, en el cuarto oscuro los ciudadanos ejercían, con sentido altruista, el derecho al sufragio.
En rigor, ya nadie recuerda bien si eso pasó de verdad o si fue una clase de instrucción cívica de tercer año -materia que muchos cincuentones de hoy tuvieron incluso cuando gobernaba el general Onganía- lo que dejó impregnado el ambiente de una difusa añoranza colectiva. Mal pudo la escarpada democracia del siglo XX, rica en fraudes, golpes de estado, proscripciones, abstenciones, voto en blanco de dos dígitos y otras anomalías, garantizar un paisaje cívico tan pastoral. Pero el hecho es que hay, quizás, una evocación del paradigma del elector ilustrado que, aun si existió en alguna parte, ya no existe más.
Ahora los partidos políticos son asunto casi exclusivo de la justicia electoral -ni siquiera se sabe muy bien qué partido es el del Gobierno-, el mitin pertenece a la prehistoria, la palabra plataforma ya acumula casi tanta telaraña como "reclame", los dirigentes se degradaron a referentes, a las fuerzas políticas -o quién sabe a qué- se les dice "espacios", más que para gobernar se buscan candidatos "que gestionen" (jactancia reciente del candidato Daniel Scioli: "tengo pasión por gestionar"), en sus discursos los políticos ahorran menciones a los próceres del género y las ideas apenas si cotizan como moneda fuerte de la política.
Desde luego, en este contexto el votante promedio tampoco es el mismo. Sujeto de identidad partidaria descafeinada, piensa y siente con menos fanatismo que, desde ya, su abuelo, un peronista o antiperonista preconfigurado para quien el universo era un país divido en mitades irreconciliables. ¿Y cómo piensa? ¿Cómo siente? En todo caso, ¿cuánto hay de racional en las elecciones de los argentinos y cuánto de afectivo?
El asesor estrella de Mauricio Macri, Jaime Durán Barba, hombre dado al chisporroteo de la provocación intelectual, parece no tener dudas al respecto: "En general, los seres humanos somos simios poco racionales, que pretendemos ser cartesianos. En la política, somos mucho menos racionales todavía. Como dice Bertrand Russell, ´la política es la actividad en la que más hombres inteligentes cometen estupideces .
Los electores no votan con la cabeza sino con el corazón, el hígado y el estómago. Se mueven por simpatías, resentimientos y necesidades. Nadie ve un debate para decidir su voto. Los pocos que lo hacen lo hacen para aplaudir a su favorito y ratificarse en sus sentimientos. Tampoco otros elementos centrales de nuestra vida como la relación con Dios o con nuestra pareja nacen de un silogismo".
Entonces, ¿las propuestas y las plataformas pasaron a la historia? "La mayoría de ellas sí -dice Durán Barba-. Están concebidas por quienes fuimos hijos de la galaxia Gutemberg y creímos en las definiciones ideológicas del siglo pasado. Es difícil entender la lógica de la política contemporánea cuando ser de izquierda supone, en algunos sitios, admirar a un militar golpista que quiere perennizarse en el poder y que no respeta a la oposición. Hoy vemos el entusiasmo de las izquierdas con un gobierno como el de Irán, antisemita, que cercena el clítoris de las mujeres, que ahorca a los homosexuales, en el que algunos Obispos islámicos, que creen que la tierra es plana, ejercen el poder absoluto en medio de un oscurantismo semejante al de la Edad Media Cristiana."
Cambio de coordenadas
Cada tanto, también, hay candidatos que se dan ubicaciones novedosas, como Roberto Lavagna, que se considera de centro progresista. Es probable que cada vez que un político dice que lo de izquierdas y derechas no corre más, muchos votantes sientan lo mismo que los navegantes antiguos una noche en que las nubes iban cubriendo las últimas estrellas. Las coordenadas clásicas también debían servirle a cada cual para saber dónde estaba parado. Un buen chiste sería preguntarle al Estado sobre la identidad política de uno mismo, dado que en un sótano de la calle 25 de mayo reposan millones de cartulinas con afiliaciones partidarias que muchos de sus titulares ya habrán olvidado y que sonrojarían a otros tantos si las contrastaran con el propio historial de voto.
¿Qué somos o qué no somos? El sociólogo Manuel Mora y Araujo dice que en el votante argentino "no existen factores regularmente dominantes. Hay algo alrededor de lo que puede llamarse ´ideología , pero es muy vago y no siempre resulta determinante (caso Macri en la Ciudad: fue votado por personas inicialmente más orientadas a la izquierda). Pesa bastante, casi siempre, que el candidato se haga cargo de temas coyunturalmente importantes. A esto podemos llamarlo propuestas de campaña. El conjunto de esos elementos, sumado a la personalidad del candidato, sus características personales, la confianza que inspira y demás, es el marketing".
La fama de artificio que se ha ganado el marketing no lo ayuda, quizás, a lucir en esta materia tan apropiado como en el ámbito del polvo para lavar la ropa. ¿Qué usuario actual de crema antiarrugas no recuerda la campaña de Nueva Fuerza, el antecesor de la Ucedé, que en 1973 intentó sin éxito convertir a una joven María Julia Alsogaray en diputada? Cada voto de esa campaña (la fórmula era Chamizo-Ondarts, de magra cosecha), se dijo entonces, costó una fortuna, porque para convencer votantes se había pretendido aplicar técnicas de inspiración foránea, léase campañas publicitarias de estilo norteamericano pergeñadas para consumidores anglosajones que comen pochoclo frente al televisor.
Nadie imaginaba entonces que, con la mayor naturalidad, en el siglo XXI, prestigiosos asesores electorales de Estados Unidos iban a ampliar en Buenos Aires su cartera de clientes. O que una candidata no precisamente perdedora como Cristina Kirchner (2005, 2007) haría actos políticos guionados del tipo de los que informa Hollywood. Actos que -ya todo el mundo lo sabe- no están pensados para que los convencidos o los interesados tengan que ir a transpirar entre una multitud mientras el propio candidato socorre desde la tribuna a los que se desvanecen por falta de oxígeno (el clásico "un médico a mi derecha") sino que es la figura política quien viaja a todos los hogares, televisor mediante. "El hecho de que los medios de comunicación, y en particular la televisión, se hayan convertido en el gran teatro de operaciones de la política, hace que importen cada vez más la imagen y los gestos, en lugar de las palabras y los discursos", explica Rosendo Fraga.
De acuerdo, la televisión manda. ¿Pero cómo funciona frente a ella el votante? "Lo racional y lo afectivo -contesta Fraga- juegan de acuerdo con las circunstancias. El voto por Macri puede haber sido racional, pero Michetti le agregó lo afectivo".
Superada la creencia de que sólo los factores sociológicos (género, edad, nivel socioeconómico, educación) explican los comportamientos electorales, es hoy una tarea compleja determinar cómo y cuándo resuelven su voto millones de almas. ¿Inciden realmente las campañas? Un estudio sobre las elecciones presidenciales de 2003, realizado por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, con 602 encuestados en la ciudad de Buenos Aires, estableció que a un 37 por ciento de los consultados la campaña lo convenció de votar a alguien diferente del que había pensado en un principio; al 19 por ciento le reforzó la decisión original. Los candidatos más favorecidos por la última presidencial fueron, según esa fuente, Ricardo López Murphy (un 51,7 por ciento reconoció que la campaña lo ayudó a adoptar una posición favorable hacia ese candidato, que resultó el no peronista más votado) y Néstor Kirchner (el 25 por ciento dijo que gracias a la campaña se formó una opinión positiva de quien resultaría presidente). También se les preguntó a los encuestados si recordaban algún spot, afiche, debate o cualquier otra cosa de la campaña. Al tercio que dijo recordar algo específico se le preguntó, ciertamente, qué recordaba. Ahí resultó primero el spot televisivo de Menem (30 por ciento), seguido por comentarios de periodistas de televisión (27,6%), spot de televisión de López Murphy (16,4%), spot de televisión de Kirchner-Scioli (13,5 %) y afiches con "las leyes de Murphy" (4,7%).
Dice el psicólogo político Orlando D Adamo, director del centro que produjo el estudio y coautor del libro Comunicación Política y Campañas electorales : "El votante se maneja con datos periféricos que para cada persona son cruciales. Vota a un ingeniero porque dice ´ya probamos con abogados y siempre nos va mal . Vota a gente nueva que no tenga que ver con la política tradicional porque supone que es menos corrupta. Vota a personas prestigiosas en otros campos, empresariales, deportivos y hasta artísticos, porque si se han desempeñado bien en la vida privada especula que lo harán en la pública. Vota porque percibe a alguien como honesto, o serio, o porque se lo comentó alguien que sabe mucho de política. O porque es policía y va a terminar con la delincuencia poniendo mano dura. Sobre este último tipo de votantes tienen mucho impacto las campañas electorales y el papel que desempeñen en los medios de comunicación".
Claro que una elección es el resultado de una agregación de decisiones individuales, y como dice Luis Tonelli, profesor de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo, "si todos los votantes sólo quieren castigar un poquito al Gobierno y cada uno decide no darle su voto a la espera de que los demás lo voten, el resultado será un desastre electoral para el oficialismo".
Tonelli cree que algo le quita racionalidad al voto y es la política centrada en candidatos que no tienen una trayectoria capaz de ser identificada. "No se sabe quién está detrás de ellos; generan un personalismo light en el que consideran superflua la organización, porque ellos se creen autosuficientes".
Pero no en todos lados es igual. Consultor político habituado a trabajar en distintas provincias, Enrique Zuleta Puceiro advierte que, en algunos casos, el votante debe decidirse entre dos candidatos que tienen algunas similitudes -da el ejemplo de Daniel Filmus y Jorge Telerman- y en otros, como sucedió en Misiones, se trata de un voto de repudio a un anhelo de perpetuación, mientras hay elecciones, como las de Mendoza o Corrientes, que no están polarizadas, situaciones que siguen mecanismos de decisión diversos. Zuleta Puceiro también piensa que el votante se nutre de una variedad de fuentes: "Es como un inversor, que acude a lo que piensa, a lo que escucha, que no abandonó del todo sus dogmas y que tampoco se comporta como un comprador racional".
Desde que en l995, cuando Menem se presentó a la reelección, se acuñó lo del "voto licuadora" -el del beneficiario del consumo en cuotas cuyo endeudamiento le había agrandado la simpatía por la continuidad del gobierno-, ganó adeptos la idea de que la sensación de bienestar económico acompaña a los votos oficialistas como el movimiento de las hojas al viento.
¿Qué dicen los expertos? La respuesta de Fraga: "La clase media puede hoy ser el sector social más beneficiado por la recuperación económica y sin embargo vota menos por el gobierno que los sectores populares, que en términos generales se han beneficiado menos con la recuperación. Creo que la política como acción es más arte que ciencia, porque se trata de percibir, a veces intuir, cuando los factores racionales y los afectivos juegan un papel en la definición del voto".
Contesta el ecuatoriano Durán Barba: "En muchas ocasiones, el crecimiento económico que experimentan los electores durante un gobierno lleva a respaldar a su mandatario. La Argentina ha crecido económicamente los últimos años a un ritmo importante, se ha sentido esa mejoría tanto en la ciudad de Buenos Aires como en el interior. Es natural que un porcentaje importante de la población respalde al Gobierno por esa causa. Los electores no son analistas económicos. No saben ni les interesa si esto es fruto de un crecimiento global, del efecto de China y la India en los precios de determinados productos. Saben que están mejor que hace tres años y eso les gusta".
Pero, advierte el sociólogo ecuatoriano, no se trata de una verdad universal. En Estados Unidos, dice, los resultados económicos son definitorios de los procesos electorales, pero el Perú de Toledo, por ejemplo, experimentó un crecimiento enorme sin que ello remediara la impopularidad del presidente.
Y los episodios de corrupción que salen a la luz, ¿inciden en la cabeza del votante en contra del gobierno y a favor de algún opositor?
Remata Durán Barba: "Ese tipo de eventos, reales o no, suelen afectar a los candidatos cuando no se encaran adecuadamente. De hecho, el tema crisis, ataque y defensa, es una de mis especialidades como consultor. Sin embargo, no hay que sobrevalorar el entusiasmo ético de los electores comunes. Los derechos humanos, la defensa de las minorías, el respeto a la diversidad, la introducción de una serie de valores en la política son fruto de la evolución de la democracia occidental propios de las élites. Las masas con frecuencia son supersticiosas, xenófobas, pragmáticas y la mayoría de los votantes no se deciden por motivaciones éticas".
La quema del ataúd y el temor de los indecisos
Aunque nunca se llegó a medir de manera fehaciente el efecto electoral que tuvo la quema de un ataúd en el acto de cierre de campaña del justicialista Italo Luder por parte del candidato a gobernador bonaerense Herminio Iglesias, ese suceso, ocurrido hace 24 años, pasó a la historia como el de mayor impacto directo que haya existido sobre la conciencia de los votantes.
Tal es su valor simbólico que a toda posibilidad de arruinar a último momento un resultado se lo suele parangonar, en política, con el cajón de Herminio. Los guarismos electorales, sin embargo, no invitan a suponer que la bravata de Iglesias cambió la pelea de fondo, ya que al cabo fue una distancia considerable, de más de once puntos porcentuales, la que separó al ganador Raúl Alfonsín del perdedor Italo Luder pocos días después, en las urnas. Si bien en 1983 las mediciones demoscópicas no eran tan frecuentes y generalizadas como ahora, casi ningún analista ha sostenido, pese al mito popular, que el cajón de Herminio hubiese afectado en sustancia el resultado, más allá de provocar la transferencia de un número desconocido de votantes que entrevieron allí, se cree, la renovación de la violencia del anterior gobierno peronista, y se asustaron.
El episodio suele ser estudiado en comportamiento electoral junto con "sustos" no ya incidentales sino provocados para estremecer sobre la hora a votantes indecisos. Entre ellos las declaraciones de Carlos Ruckauf en vísperas de las elecciones de 1999, cuando a sus posturas de mano dura el candidato a gobernador añadió la aseveración de que su rival Graciela Fernández Meijide era "abortista", algo inquietante para vastos sectores medios y bajos.
Ahí sí el golpe resultó certero y el resultado, inusual: fue la única vez en la historia que el gobierno nacional y el bonaerense quedaron en manos del oficialismo y la oposición, ya que Fernando de la Rúa ganó la presidencia pero Fernández Meijide perdió en la provincia.
P.M.
Los expertos opinan
Rosendo Fraga: "El hecho de que los medios de comunicación, y en particular la televisión, se hayan convertido en el gran teatro de operaciones de la política hace que importen cada vez más la imagen y los gestos en lugar de las palabras y los discursos."
Jaime Durán Barba: "Los electores no votan con la cabeza sino con el corazón, el hígado y el estómago. Se mueven por simpatías, resentimientos y necesidades. Nadie ve un debate para decidir su voto."
Orlando D Adamo: "El votante se maneja con datos periféricos que para cada persona son cruciales. Vota a un ingeniero, porque ´ya probamos con abogados y siempre nos va mal . Vota a gente nueva que no tenga que ver con la política tradicional porque supone que es menos corrupta".
Zuleta Puceiro: "El votante es como un inversor, que acude a lo que piensa, a lo que escucha, que no abandonó del todo sus dogmas y que tampoco se comporta como un comprador racional."
Luis Tonelli: "Lo que quita racionalidad al voto es que no se sabe quién está detrás de los candidatos; generan un personalismo light en el que consideran superflua la organización, porque ellos se creen autosuficientes".
Por Pablo Mendelevich
LA Nacion / Enfoques - 12/08/07
Cuentan los arqueólogos de la política que hace muchos años los votantes se ilustraban con fruición acerca de las propuestas de los distintos partidos políticos, auténticos protagonistas de la competencia electoral. Se leían las plataformas, se escuchaba lo que tenían para decir los candidatos y se contrastaba la oferta. Luego se decidía qué lista votar. Por fin, en el cuarto oscuro los ciudadanos ejercían, con sentido altruista, el derecho al sufragio.
En rigor, ya nadie recuerda bien si eso pasó de verdad o si fue una clase de instrucción cívica de tercer año -materia que muchos cincuentones de hoy tuvieron incluso cuando gobernaba el general Onganía- lo que dejó impregnado el ambiente de una difusa añoranza colectiva. Mal pudo la escarpada democracia del siglo XX, rica en fraudes, golpes de estado, proscripciones, abstenciones, voto en blanco de dos dígitos y otras anomalías, garantizar un paisaje cívico tan pastoral. Pero el hecho es que hay, quizás, una evocación del paradigma del elector ilustrado que, aun si existió en alguna parte, ya no existe más.
Ahora los partidos políticos son asunto casi exclusivo de la justicia electoral -ni siquiera se sabe muy bien qué partido es el del Gobierno-, el mitin pertenece a la prehistoria, la palabra plataforma ya acumula casi tanta telaraña como "reclame", los dirigentes se degradaron a referentes, a las fuerzas políticas -o quién sabe a qué- se les dice "espacios", más que para gobernar se buscan candidatos "que gestionen" (jactancia reciente del candidato Daniel Scioli: "tengo pasión por gestionar"), en sus discursos los políticos ahorran menciones a los próceres del género y las ideas apenas si cotizan como moneda fuerte de la política.
Desde luego, en este contexto el votante promedio tampoco es el mismo. Sujeto de identidad partidaria descafeinada, piensa y siente con menos fanatismo que, desde ya, su abuelo, un peronista o antiperonista preconfigurado para quien el universo era un país divido en mitades irreconciliables. ¿Y cómo piensa? ¿Cómo siente? En todo caso, ¿cuánto hay de racional en las elecciones de los argentinos y cuánto de afectivo?
El asesor estrella de Mauricio Macri, Jaime Durán Barba, hombre dado al chisporroteo de la provocación intelectual, parece no tener dudas al respecto: "En general, los seres humanos somos simios poco racionales, que pretendemos ser cartesianos. En la política, somos mucho menos racionales todavía. Como dice Bertrand Russell, ´la política es la actividad en la que más hombres inteligentes cometen estupideces .
Los electores no votan con la cabeza sino con el corazón, el hígado y el estómago. Se mueven por simpatías, resentimientos y necesidades. Nadie ve un debate para decidir su voto. Los pocos que lo hacen lo hacen para aplaudir a su favorito y ratificarse en sus sentimientos. Tampoco otros elementos centrales de nuestra vida como la relación con Dios o con nuestra pareja nacen de un silogismo".
Entonces, ¿las propuestas y las plataformas pasaron a la historia? "La mayoría de ellas sí -dice Durán Barba-. Están concebidas por quienes fuimos hijos de la galaxia Gutemberg y creímos en las definiciones ideológicas del siglo pasado. Es difícil entender la lógica de la política contemporánea cuando ser de izquierda supone, en algunos sitios, admirar a un militar golpista que quiere perennizarse en el poder y que no respeta a la oposición. Hoy vemos el entusiasmo de las izquierdas con un gobierno como el de Irán, antisemita, que cercena el clítoris de las mujeres, que ahorca a los homosexuales, en el que algunos Obispos islámicos, que creen que la tierra es plana, ejercen el poder absoluto en medio de un oscurantismo semejante al de la Edad Media Cristiana."
Cambio de coordenadas
Cada tanto, también, hay candidatos que se dan ubicaciones novedosas, como Roberto Lavagna, que se considera de centro progresista. Es probable que cada vez que un político dice que lo de izquierdas y derechas no corre más, muchos votantes sientan lo mismo que los navegantes antiguos una noche en que las nubes iban cubriendo las últimas estrellas. Las coordenadas clásicas también debían servirle a cada cual para saber dónde estaba parado. Un buen chiste sería preguntarle al Estado sobre la identidad política de uno mismo, dado que en un sótano de la calle 25 de mayo reposan millones de cartulinas con afiliaciones partidarias que muchos de sus titulares ya habrán olvidado y que sonrojarían a otros tantos si las contrastaran con el propio historial de voto.
¿Qué somos o qué no somos? El sociólogo Manuel Mora y Araujo dice que en el votante argentino "no existen factores regularmente dominantes. Hay algo alrededor de lo que puede llamarse ´ideología , pero es muy vago y no siempre resulta determinante (caso Macri en la Ciudad: fue votado por personas inicialmente más orientadas a la izquierda). Pesa bastante, casi siempre, que el candidato se haga cargo de temas coyunturalmente importantes. A esto podemos llamarlo propuestas de campaña. El conjunto de esos elementos, sumado a la personalidad del candidato, sus características personales, la confianza que inspira y demás, es el marketing".
La fama de artificio que se ha ganado el marketing no lo ayuda, quizás, a lucir en esta materia tan apropiado como en el ámbito del polvo para lavar la ropa. ¿Qué usuario actual de crema antiarrugas no recuerda la campaña de Nueva Fuerza, el antecesor de la Ucedé, que en 1973 intentó sin éxito convertir a una joven María Julia Alsogaray en diputada? Cada voto de esa campaña (la fórmula era Chamizo-Ondarts, de magra cosecha), se dijo entonces, costó una fortuna, porque para convencer votantes se había pretendido aplicar técnicas de inspiración foránea, léase campañas publicitarias de estilo norteamericano pergeñadas para consumidores anglosajones que comen pochoclo frente al televisor.
Nadie imaginaba entonces que, con la mayor naturalidad, en el siglo XXI, prestigiosos asesores electorales de Estados Unidos iban a ampliar en Buenos Aires su cartera de clientes. O que una candidata no precisamente perdedora como Cristina Kirchner (2005, 2007) haría actos políticos guionados del tipo de los que informa Hollywood. Actos que -ya todo el mundo lo sabe- no están pensados para que los convencidos o los interesados tengan que ir a transpirar entre una multitud mientras el propio candidato socorre desde la tribuna a los que se desvanecen por falta de oxígeno (el clásico "un médico a mi derecha") sino que es la figura política quien viaja a todos los hogares, televisor mediante. "El hecho de que los medios de comunicación, y en particular la televisión, se hayan convertido en el gran teatro de operaciones de la política, hace que importen cada vez más la imagen y los gestos, en lugar de las palabras y los discursos", explica Rosendo Fraga.
De acuerdo, la televisión manda. ¿Pero cómo funciona frente a ella el votante? "Lo racional y lo afectivo -contesta Fraga- juegan de acuerdo con las circunstancias. El voto por Macri puede haber sido racional, pero Michetti le agregó lo afectivo".
Superada la creencia de que sólo los factores sociológicos (género, edad, nivel socioeconómico, educación) explican los comportamientos electorales, es hoy una tarea compleja determinar cómo y cuándo resuelven su voto millones de almas. ¿Inciden realmente las campañas? Un estudio sobre las elecciones presidenciales de 2003, realizado por el Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano, con 602 encuestados en la ciudad de Buenos Aires, estableció que a un 37 por ciento de los consultados la campaña lo convenció de votar a alguien diferente del que había pensado en un principio; al 19 por ciento le reforzó la decisión original. Los candidatos más favorecidos por la última presidencial fueron, según esa fuente, Ricardo López Murphy (un 51,7 por ciento reconoció que la campaña lo ayudó a adoptar una posición favorable hacia ese candidato, que resultó el no peronista más votado) y Néstor Kirchner (el 25 por ciento dijo que gracias a la campaña se formó una opinión positiva de quien resultaría presidente). También se les preguntó a los encuestados si recordaban algún spot, afiche, debate o cualquier otra cosa de la campaña. Al tercio que dijo recordar algo específico se le preguntó, ciertamente, qué recordaba. Ahí resultó primero el spot televisivo de Menem (30 por ciento), seguido por comentarios de periodistas de televisión (27,6%), spot de televisión de López Murphy (16,4%), spot de televisión de Kirchner-Scioli (13,5 %) y afiches con "las leyes de Murphy" (4,7%).
Dice el psicólogo político Orlando D Adamo, director del centro que produjo el estudio y coautor del libro Comunicación Política y Campañas electorales : "El votante se maneja con datos periféricos que para cada persona son cruciales. Vota a un ingeniero porque dice ´ya probamos con abogados y siempre nos va mal . Vota a gente nueva que no tenga que ver con la política tradicional porque supone que es menos corrupta. Vota a personas prestigiosas en otros campos, empresariales, deportivos y hasta artísticos, porque si se han desempeñado bien en la vida privada especula que lo harán en la pública. Vota porque percibe a alguien como honesto, o serio, o porque se lo comentó alguien que sabe mucho de política. O porque es policía y va a terminar con la delincuencia poniendo mano dura. Sobre este último tipo de votantes tienen mucho impacto las campañas electorales y el papel que desempeñen en los medios de comunicación".
Claro que una elección es el resultado de una agregación de decisiones individuales, y como dice Luis Tonelli, profesor de Ciencia Política de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Palermo, "si todos los votantes sólo quieren castigar un poquito al Gobierno y cada uno decide no darle su voto a la espera de que los demás lo voten, el resultado será un desastre electoral para el oficialismo".
Tonelli cree que algo le quita racionalidad al voto y es la política centrada en candidatos que no tienen una trayectoria capaz de ser identificada. "No se sabe quién está detrás de ellos; generan un personalismo light en el que consideran superflua la organización, porque ellos se creen autosuficientes".
Pero no en todos lados es igual. Consultor político habituado a trabajar en distintas provincias, Enrique Zuleta Puceiro advierte que, en algunos casos, el votante debe decidirse entre dos candidatos que tienen algunas similitudes -da el ejemplo de Daniel Filmus y Jorge Telerman- y en otros, como sucedió en Misiones, se trata de un voto de repudio a un anhelo de perpetuación, mientras hay elecciones, como las de Mendoza o Corrientes, que no están polarizadas, situaciones que siguen mecanismos de decisión diversos. Zuleta Puceiro también piensa que el votante se nutre de una variedad de fuentes: "Es como un inversor, que acude a lo que piensa, a lo que escucha, que no abandonó del todo sus dogmas y que tampoco se comporta como un comprador racional".
Desde que en l995, cuando Menem se presentó a la reelección, se acuñó lo del "voto licuadora" -el del beneficiario del consumo en cuotas cuyo endeudamiento le había agrandado la simpatía por la continuidad del gobierno-, ganó adeptos la idea de que la sensación de bienestar económico acompaña a los votos oficialistas como el movimiento de las hojas al viento.
¿Qué dicen los expertos? La respuesta de Fraga: "La clase media puede hoy ser el sector social más beneficiado por la recuperación económica y sin embargo vota menos por el gobierno que los sectores populares, que en términos generales se han beneficiado menos con la recuperación. Creo que la política como acción es más arte que ciencia, porque se trata de percibir, a veces intuir, cuando los factores racionales y los afectivos juegan un papel en la definición del voto".
Contesta el ecuatoriano Durán Barba: "En muchas ocasiones, el crecimiento económico que experimentan los electores durante un gobierno lleva a respaldar a su mandatario. La Argentina ha crecido económicamente los últimos años a un ritmo importante, se ha sentido esa mejoría tanto en la ciudad de Buenos Aires como en el interior. Es natural que un porcentaje importante de la población respalde al Gobierno por esa causa. Los electores no son analistas económicos. No saben ni les interesa si esto es fruto de un crecimiento global, del efecto de China y la India en los precios de determinados productos. Saben que están mejor que hace tres años y eso les gusta".
Pero, advierte el sociólogo ecuatoriano, no se trata de una verdad universal. En Estados Unidos, dice, los resultados económicos son definitorios de los procesos electorales, pero el Perú de Toledo, por ejemplo, experimentó un crecimiento enorme sin que ello remediara la impopularidad del presidente.
Y los episodios de corrupción que salen a la luz, ¿inciden en la cabeza del votante en contra del gobierno y a favor de algún opositor?
Remata Durán Barba: "Ese tipo de eventos, reales o no, suelen afectar a los candidatos cuando no se encaran adecuadamente. De hecho, el tema crisis, ataque y defensa, es una de mis especialidades como consultor. Sin embargo, no hay que sobrevalorar el entusiasmo ético de los electores comunes. Los derechos humanos, la defensa de las minorías, el respeto a la diversidad, la introducción de una serie de valores en la política son fruto de la evolución de la democracia occidental propios de las élites. Las masas con frecuencia son supersticiosas, xenófobas, pragmáticas y la mayoría de los votantes no se deciden por motivaciones éticas".
La quema del ataúd y el temor de los indecisos
Aunque nunca se llegó a medir de manera fehaciente el efecto electoral que tuvo la quema de un ataúd en el acto de cierre de campaña del justicialista Italo Luder por parte del candidato a gobernador bonaerense Herminio Iglesias, ese suceso, ocurrido hace 24 años, pasó a la historia como el de mayor impacto directo que haya existido sobre la conciencia de los votantes.
Tal es su valor simbólico que a toda posibilidad de arruinar a último momento un resultado se lo suele parangonar, en política, con el cajón de Herminio. Los guarismos electorales, sin embargo, no invitan a suponer que la bravata de Iglesias cambió la pelea de fondo, ya que al cabo fue una distancia considerable, de más de once puntos porcentuales, la que separó al ganador Raúl Alfonsín del perdedor Italo Luder pocos días después, en las urnas. Si bien en 1983 las mediciones demoscópicas no eran tan frecuentes y generalizadas como ahora, casi ningún analista ha sostenido, pese al mito popular, que el cajón de Herminio hubiese afectado en sustancia el resultado, más allá de provocar la transferencia de un número desconocido de votantes que entrevieron allí, se cree, la renovación de la violencia del anterior gobierno peronista, y se asustaron.
El episodio suele ser estudiado en comportamiento electoral junto con "sustos" no ya incidentales sino provocados para estremecer sobre la hora a votantes indecisos. Entre ellos las declaraciones de Carlos Ruckauf en vísperas de las elecciones de 1999, cuando a sus posturas de mano dura el candidato a gobernador añadió la aseveración de que su rival Graciela Fernández Meijide era "abortista", algo inquietante para vastos sectores medios y bajos.
Ahí sí el golpe resultó certero y el resultado, inusual: fue la única vez en la historia que el gobierno nacional y el bonaerense quedaron en manos del oficialismo y la oposición, ya que Fernando de la Rúa ganó la presidencia pero Fernández Meijide perdió en la provincia.
P.M.
Los expertos opinan
Rosendo Fraga: "El hecho de que los medios de comunicación, y en particular la televisión, se hayan convertido en el gran teatro de operaciones de la política hace que importen cada vez más la imagen y los gestos en lugar de las palabras y los discursos."
Jaime Durán Barba: "Los electores no votan con la cabeza sino con el corazón, el hígado y el estómago. Se mueven por simpatías, resentimientos y necesidades. Nadie ve un debate para decidir su voto."
Orlando D Adamo: "El votante se maneja con datos periféricos que para cada persona son cruciales. Vota a un ingeniero, porque ´ya probamos con abogados y siempre nos va mal . Vota a gente nueva que no tenga que ver con la política tradicional porque supone que es menos corrupta".
Zuleta Puceiro: "El votante es como un inversor, que acude a lo que piensa, a lo que escucha, que no abandonó del todo sus dogmas y que tampoco se comporta como un comprador racional."
Luis Tonelli: "Lo que quita racionalidad al voto es que no se sabe quién está detrás de los candidatos; generan un personalismo light en el que consideran superflua la organización, porque ellos se creen autosuficientes".
Por Pablo Mendelevich
LA Nacion / Enfoques - 12/08/07
El Politico - Martinez Estrada
EL POLÍTICO - RADIOGRAFIA DE LA PAMPA - Ezequiel Martínez Estrada -1933
Ningún beneficiado -con empleo, exención de impuestos, concesiones- puede del todo reconocer públicamente el favor, porque siempre hay un padre desconocido en el nuevo ser que el comadrón trae a la vida. Esa infatigable diligencia del político que ayuda al parto y a veces da su nombre al feto, es la actividad subrepticia y profesional: ostensiblemente inviste el papel de conocedor de lo que se llama ciencia y arte de gobernar.
El primer paso en la carrera es tener una casa cómoda. La casa del político es una casa pública, a la que tiene acceso la parroquia. Van llegando hasta la sala, adictos que adolecen de alguna incapacidad o mengua. Vestíbulo y sala de recibo tienen algo de consultorio, y la recomendación es la receta para la dolencia.
El político se debe al comité y a sus amigos; aquél es el local adosado a su casa y éstos la prolongación de su familia. Sabe que su misión es dar, servir a su votante, y cuando no se le pide nada está intranquilo, como el médico ante un paciente que tiene apariencias de perfecta salud. En esa sala donde ausculta, interroga y asiste, despliega un complicado psicoanálisis de chamán. Es un gran señor de plebes postulantes, un proxeneta de rango que está en ciertos entretelones del gabinete y administra la noticia inédita con parsimonia y con arreglo a la posología del chisme. Vive en el centro de las noticias de la calle que recogen los adictos y que le entregan como pago de la visita.
Luego las llevará a las reuniones de dirigentes, según convengan o no a sus proyectos; porque el arte de la comadrona tiene sus exigencias sociales. Su papel es hacer promesas; hablar del porvenir con seguridad de profeta y tener confianza en algo; en el gobierno o en la caída del gobierno. Trasmite fe. La magnitud de las promesas varía conforme aumenta su poder, y viceversa: concejal, diputado, senador, ministro, presidente, como círculos concéntricos desde donde se reparte la dádiva en mayor o menor cantidad. Pero el verdadero político no es el que da, sino el que cambia de mano la dádiva. Cuando alcanza la más alta magistratura adquiere categoría de ídolo, pero se hace en él más visible lo que no puede dar: mientras que disponiendo de la promesa como programa y recetario, la faltriquera mágica resulta inexhaustible.
El político se conserva en el auge de su prestigio mientras dura su habilidad de emplear frases ambiguas, abstractas; mientras usa lugares comunes y frases hechas, sin arriesgar opiniones a fondo. Mas ha de saber transmitir fe al adicto. La fe se conserva pura cuando demuestra que sabe de todo un poco, muy confusamente, pero con un gran anhelo del bien. Saca partido de lo que ignora, y el manejo de los nombres y de las cifras, los olvidos intencionales, los rodeos y circunloquios le dan, a los ojos del truhán, aspecto de presa fácil; porque ningún necesitado deja de creer en sus adentros que con un hombre así se puede hacer a la larga lo que se quiera. Y se equivoca -ésa es la trampa-, pues esa aparente debilidad es casualmente su fortaleza.
Más que al abogado, ábrese al médico un horizonte de éxitos, porque ejerce de mistagogo, y el domonio de una fuerza X le agrega el prestigio de dotes adivinatorias. Jakob Larrain, hablando de Rawson con el natural respeto que ese hombre merecía, descubre que en nuestro ambiente el médico tiene para el vulgo una doble personalidad salutífera. Muchos líderes son médicos, aunque se comporten como magos. Nuestros males son misteriosos.
Ezequiel Martínez Estrada
Ningún beneficiado -con empleo, exención de impuestos, concesiones- puede del todo reconocer públicamente el favor, porque siempre hay un padre desconocido en el nuevo ser que el comadrón trae a la vida. Esa infatigable diligencia del político que ayuda al parto y a veces da su nombre al feto, es la actividad subrepticia y profesional: ostensiblemente inviste el papel de conocedor de lo que se llama ciencia y arte de gobernar.
El primer paso en la carrera es tener una casa cómoda. La casa del político es una casa pública, a la que tiene acceso la parroquia. Van llegando hasta la sala, adictos que adolecen de alguna incapacidad o mengua. Vestíbulo y sala de recibo tienen algo de consultorio, y la recomendación es la receta para la dolencia.
El político se debe al comité y a sus amigos; aquél es el local adosado a su casa y éstos la prolongación de su familia. Sabe que su misión es dar, servir a su votante, y cuando no se le pide nada está intranquilo, como el médico ante un paciente que tiene apariencias de perfecta salud. En esa sala donde ausculta, interroga y asiste, despliega un complicado psicoanálisis de chamán. Es un gran señor de plebes postulantes, un proxeneta de rango que está en ciertos entretelones del gabinete y administra la noticia inédita con parsimonia y con arreglo a la posología del chisme. Vive en el centro de las noticias de la calle que recogen los adictos y que le entregan como pago de la visita.
Luego las llevará a las reuniones de dirigentes, según convengan o no a sus proyectos; porque el arte de la comadrona tiene sus exigencias sociales. Su papel es hacer promesas; hablar del porvenir con seguridad de profeta y tener confianza en algo; en el gobierno o en la caída del gobierno. Trasmite fe. La magnitud de las promesas varía conforme aumenta su poder, y viceversa: concejal, diputado, senador, ministro, presidente, como círculos concéntricos desde donde se reparte la dádiva en mayor o menor cantidad. Pero el verdadero político no es el que da, sino el que cambia de mano la dádiva. Cuando alcanza la más alta magistratura adquiere categoría de ídolo, pero se hace en él más visible lo que no puede dar: mientras que disponiendo de la promesa como programa y recetario, la faltriquera mágica resulta inexhaustible.
El político se conserva en el auge de su prestigio mientras dura su habilidad de emplear frases ambiguas, abstractas; mientras usa lugares comunes y frases hechas, sin arriesgar opiniones a fondo. Mas ha de saber transmitir fe al adicto. La fe se conserva pura cuando demuestra que sabe de todo un poco, muy confusamente, pero con un gran anhelo del bien. Saca partido de lo que ignora, y el manejo de los nombres y de las cifras, los olvidos intencionales, los rodeos y circunloquios le dan, a los ojos del truhán, aspecto de presa fácil; porque ningún necesitado deja de creer en sus adentros que con un hombre así se puede hacer a la larga lo que se quiera. Y se equivoca -ésa es la trampa-, pues esa aparente debilidad es casualmente su fortaleza.
Más que al abogado, ábrese al médico un horizonte de éxitos, porque ejerce de mistagogo, y el domonio de una fuerza X le agrega el prestigio de dotes adivinatorias. Jakob Larrain, hablando de Rawson con el natural respeto que ese hombre merecía, descubre que en nuestro ambiente el médico tiene para el vulgo una doble personalidad salutífera. Muchos líderes son médicos, aunque se comporten como magos. Nuestros males son misteriosos.
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